el conocimiento viene a través del autoconocimiento y para conocerme decidí conocer a los demás

martes, 13 de noviembre de 2012

Lo nacional y popular. El karma de ser argentinos


Los argentinos estamos acabados. El mundo aun no comprende lo que ocurrió con nosotros. Nosotros aun no entendemos qué ocurrió con los argentinos. Nuestra fina aristocracia de principios de siglo pasado, tirando manteca al techo, pero ya anunciados tan tristes, casi amargados y nostálgicos. La nostalgia al final fue nuestro sino. Como explicarles a los extranjeros que poco o nada queda de un país que supo tener la mayor clase media de América latina y unos niveles educativos sorprendentes. Dónde fue toda esa inteligencia?

Hay varias hipótesis: 
1) Nuestra petulancia se nos sentó encima, como el culo de una gorda de 200 kilos sobre la cara de un pobre infeliz, hasta ahogarnos. 2) nos sentíamos tan felices de nosotros mismos que morimos de onanismo. 3) Un día la argentina se sentó en un banquito a psicoanalizarse y quedó cada vez más loca, pero enloqueció sin culpa 4) Para un argentino, nada peor que otro argentino: el argentino secretamente piensa que es el único argentino verdadero y todos los demás merecen hundirse, y así nos va. 5) O quizás tanta corrupción e irresponsabilidad de los gobernantes, con toda nuestra anuencia a lo largo de las décadas consiguió acabar con nuestro potencial.
Lo más extraño es que estoy segura que este sentimiento de estar acabados y en decadencia es tan vieja como la argentina misma.

En mi fuero interno, creo que tanto tiempo pretendiendo ser una parte de Europa anclada en América latina nos cegó completamente. Creernos tantas veces los modelos a seguir nos hizo desconocer nuestros vecinos y humillarlos. Y finalmente nos tocó el turno a fuerza de crisis, de percibir como perdíamos todo aquello que nos hacía jactarnos: éramos latinoamericanos. Con dictaduras tan malas o peores que las de los demás y, lo peor, con índices peores y empeorando.
Tan perdidos nos hallamos en esta nueva identidad que no sabemos siquiera de que se trata ser, por ejemplo, nacional y popular. Qué es lo popular en una Argentina que pasó tanto tiempo creyéndose exclusivamente blanca, europea y culta en desmedro de indígena, inmigrante y tradicional. Civilizada o bárbara, si prefieren. Argentina no sabe que es lo popular, y si bien hay un rescate en los medios gracias a la polarización política que del uso de lo popular hacen algunos partidos, ese rescate no deja de ser un simulacro, una cosa impostada. Y sino quiero ver a Cristina vestida dentre-casa y comiendo un chori, que joder!.  O Damas Gratis tocando en la casa Rosada. ¿O eso ya pasó y por eso hay tanto cheto batiendo cacerola? Que confusión!
Un ejemplo iluminador lo encontré en la novela El puntero, que viene a ser ese proyecto de la tele de reflejar los cambios sociales que se dan en estos tiempos kirchneristas. Para eso resolvieron hacer una serie sobre un puntero de barrio en una villa en un lugar X y mostrar un personaje a la vez, corrupto y asesino, pero con buenas intensiones. Un Robin HOOD que no roba, sino tranza.
En fin, las contradicciones en la novela son muchas. Refleja a la perfección la discriminación hacia los inmigrantes limítrofes en ese caso en doble nivel, en el relato, el personaje de Gitano-protagonista detesta al paraguayo, y a nivel de la representación, en la caracterización del personaje-paraguayo en cuestión  que se mueve como un bufón, se comporta como un tonto, no habla casi español y quiere matar al protagonista. Incluso en el momento de su venganza el paragua es ineficiente, ridículo e indigno de empatía.
Las contradicciones más sutiles son cuando se juntan los actores profesionales, que intentan reflejar a los villeros pero reflejan a la perfección los estereotipos existentes, con los actores naturales (villeros originales?), que parecen estar riéndose de esa historia que intenta y no quiere o puede retratarlos.
Pero lo más diciente de nuestra incapacidad de asimilar nuestra propia idiosincrasia, por ser lo primero quizás que salta a los ojos, es la apertura del programa, con música disco colombiana y con desfile de “símbolos políticos y nacionales” incluído. En una estética que pertenece también a Colombia y que es casi una marca registrada de sus programas y emisiones (sino, véase un poco de tele colombiana de los últimos 5 años). Y no porque este mal que tomemos lo colombiano aceptando lo latinoamericano, sino porque tuvimos que tomar algo latinoamericano que ya fue reconocido, lo latino aceptable, y no lo realmente popular en la argentina. Un completo fracaso en el intento de reconocimiento y representación de lo argentino con sus propias características. 
Lo indignante es que en vez de rescatar nuestra propia cumbia, la cumbia al menos que desde hace años se escucha y se produce en la villas y clases más bajas argentinas, los medios difunden una cumbia colombiana que ya ha pasado a su vez, por un más interesante aunque no menos homogeneizante y pasteurizante, proceso de relectura por las nuevas generaciones de músicos (profesionales) que la han mezclado con otros ritmos y sintetizadores para darle un aire más cool y moderno.  Pero nosotros ni siquiera hacemos esa relectura o difundimos a los que la hacen, sino que seguimos negándolo y huímos directamente a un latinoamericanismo ya mundializado que sigue ignorando nuestra particularidad,con todo lo que pueda tener en común con Colombia o Paraguay.  

Una digresión final es la comparación que salta a la vista de todos: En esa superación de las novelas románticas para incluir un reflejo social, la argentina produjo novelas sobre grupos de terapia (culpables, vulnerables, locas de amor, trátame bien ) o con personajes que hacían terapia o eran terapeutas (lista interminable). También hubo con temáticas de prisión y de policías corruptos. En Colombia fueron las novelas y emisiones sobre narcos y la cultura narco. 

martes, 6 de noviembre de 2012

ZOMBIES


    Ver zombies está de moda, pero yo miraba zombies desde hace por los menos 10 años. Claro, también vi los clásicos de este subgénero del terror, hace un poco más de tiempo, cuando era una niña.
    Las películas de zombies me hacen reflexionar sobre lo más profundo de la realidad humana, no sólo sobre los limites sociales, sino sobre todo sobre el cuerpo y el límite del cuerpo. El cuerpo como objeto que se revienta, que se aplasta y que se corta. Pero también es una forma de mantenerse consciente de que este mundo está lleno de cosas horrorosas. Que algunas personas, sin importar que hayan hecho pueden sucumbir y morir en manos de unos degenerados que se encargaran de darles una dosis de dolor y terror. Y eso porque? Porque no todo el mundo es tan hippie, pacifista y desinteresado de las cosas materiales.
    Yo miro películas de zombies porque tengo mucho miedo. Porque es un mundo horrible y porque es una hace catarsis del mundo lleno de peligros donde vivimos. Donde buenos e inocentes son asesinados, cortados, mutilados o torturados. En el mundo de los zombies eso no le pasa casi nunca a los miembros importantes del grupo (quizás a los secundarios), y sin embargo al final, todos mueren.