Los argentinos estamos acabados. El mundo aun no comprende
lo que ocurrió con nosotros. Nosotros aun no entendemos qué ocurrió con
los argentinos. Nuestra fina aristocracia de principios de siglo pasado,
tirando manteca al techo, pero ya anunciados tan tristes, casi amargados y nostálgicos.
La nostalgia al final fue nuestro sino. Como explicarles a los extranjeros que
poco o nada queda de un país que supo tener la mayor clase media de América
latina y unos niveles educativos sorprendentes. Dónde fue toda esa
inteligencia?
Hay varias hipótesis:
1) Nuestra petulancia se nos sentó encima, como el culo de una gorda de 200 kilos sobre la cara de un pobre infeliz, hasta ahogarnos. 2) nos sentíamos tan felices de nosotros mismos que morimos de onanismo. 3) Un día la argentina
se sentó en un banquito a psicoanalizarse y quedó cada vez más loca, pero enloqueció sin culpa 4) Para un argentino, nada peor que otro
argentino: el argentino secretamente piensa que es el único argentino verdadero y todos los demás merecen hundirse, y así nos va. 5) O quizás tanta corrupción e irresponsabilidad de los gobernantes, con toda nuestra anuencia a lo largo de las décadas consiguió acabar con nuestro potencial.
Lo más extraño es que estoy segura que este sentimiento de estar acabados y en decadencia es tan vieja como la argentina misma.
Lo más extraño es que estoy segura que este sentimiento de estar acabados y en decadencia es tan vieja como la argentina misma.
En mi fuero interno, creo que tanto tiempo pretendiendo ser una parte de Europa
anclada en América latina nos cegó completamente. Creernos tantas veces los modelos a seguir nos
hizo desconocer nuestros vecinos y humillarlos. Y finalmente nos tocó el
turno a fuerza de crisis, de percibir como perdíamos todo aquello que nos hacía jactarnos: éramos latinoamericanos. Con dictaduras tan
malas o peores que las de los demás y, lo peor, con índices peores y
empeorando.
Tan perdidos nos hallamos en esta nueva identidad que no
sabemos siquiera de que se trata ser, por ejemplo, nacional y popular. Qué es
lo popular en una Argentina que pasó tanto tiempo creyéndose exclusivamente
blanca, europea y culta en desmedro de indígena, inmigrante y tradicional. Civilizada o bárbara, si prefieren. Argentina no sabe que es lo popular, y si
bien hay un rescate en los medios gracias a la polarización política que del
uso de lo popular hacen algunos partidos, ese rescate no deja de ser un
simulacro, una cosa impostada. Y sino quiero ver a Cristina vestida dentre-casa y comiendo un chori, que joder!. O Damas Gratis tocando en la casa Rosada. ¿O eso ya pasó y por eso hay tanto cheto batiendo cacerola? Que confusión!
Un ejemplo iluminador lo encontré en la novela
El puntero, que viene a ser ese proyecto de la tele de reflejar los
cambios sociales que se dan en estos tiempos kirchneristas. Para eso resolvieron hacer
una serie sobre un puntero de barrio en una villa en un lugar X y mostrar un
personaje a la vez, corrupto y asesino, pero con buenas intensiones. Un Robin HOOD que no roba, sino tranza.
En fin, las contradicciones en la novela son muchas. Refleja a
la perfección la discriminación hacia los inmigrantes limítrofes en ese caso en doble
nivel, en el relato, el personaje de Gitano-protagonista detesta al paraguayo, y a nivel de la representación, en la caracterización del personaje-paraguayo en cuestión que
se mueve como un bufón, se comporta como un tonto, no habla casi español y quiere matar al protagonista. Incluso en el momento de su venganza el
paragua es ineficiente, ridículo e indigno de empatía.
Las contradicciones más sutiles son cuando se juntan los
actores profesionales, que intentan reflejar a los villeros pero reflejan a la perfección los
estereotipos existentes, con los actores naturales (villeros originales?), que parecen estar riéndose de esa historia que intenta y no quiere o puede retratarlos.
Pero lo más diciente de nuestra incapacidad de asimilar nuestra propia idiosincrasia, por ser lo primero quizás que salta a los ojos, es la apertura del programa, con música disco colombiana y con desfile de “símbolos políticos y nacionales” incluído. En una estética que pertenece también a Colombia y que es casi una marca registrada de sus programas y emisiones (sino, véase un poco de tele colombiana de los últimos 5 años). Y no porque este mal que tomemos lo colombiano aceptando lo latinoamericano, sino porque tuvimos que tomar algo latinoamericano que ya fue reconocido, lo latino aceptable, y no lo realmente popular en la argentina. Un completo fracaso en el intento de reconocimiento y representación de lo argentino con sus propias características.
Pero lo más diciente de nuestra incapacidad de asimilar nuestra propia idiosincrasia, por ser lo primero quizás que salta a los ojos, es la apertura del programa, con música disco colombiana y con desfile de “símbolos políticos y nacionales” incluído. En una estética que pertenece también a Colombia y que es casi una marca registrada de sus programas y emisiones (sino, véase un poco de tele colombiana de los últimos 5 años). Y no porque este mal que tomemos lo colombiano aceptando lo latinoamericano, sino porque tuvimos que tomar algo latinoamericano que ya fue reconocido, lo latino aceptable, y no lo realmente popular en la argentina. Un completo fracaso en el intento de reconocimiento y representación de lo argentino con sus propias características.
Lo indignante es que en vez de rescatar
nuestra propia cumbia, la cumbia al menos que desde hace años se escucha y se
produce en la villas y clases más bajas argentinas, los medios difunden una
cumbia colombiana que ya ha pasado a su vez, por un más interesante aunque no
menos homogeneizante y pasteurizante, proceso de relectura por las nuevas
generaciones de músicos (profesionales) que la han mezclado con otros ritmos y
sintetizadores para darle un aire más cool
y moderno. Pero nosotros ni siquiera
hacemos esa relectura o difundimos a los que la hacen, sino que seguimos
negándolo y huímos directamente a un latinoamericanismo ya mundializado que
sigue ignorando nuestra particularidad,con todo lo que pueda tener en común con Colombia o Paraguay.
Una digresión final es la comparación que salta a la vista de todos: En esa superación de las novelas románticas para incluir un reflejo social, la argentina produjo novelas sobre grupos de terapia (culpables, vulnerables, locas de amor, trátame bien ) o con personajes que hacían terapia o eran terapeutas (lista interminable). También hubo con temáticas de prisión y de policías corruptos. En Colombia fueron las novelas y emisiones sobre narcos y la cultura narco.