Casi nada se ha dicho últimamente Sanar las heridas (un poco) ha callado el grito, sin duda, más lirico. Y este espacio se ha vuelto casi un lugar más, donde aparecen pedazos de lo que parece un diario, un cuaderno donde de tanto en tanto, se registran mis emociones.
Un ser normal, sin otra ambición que ser feliz, que cree haber encontrado la clave de la existencia en el hecho maravilloso que de nuestra existencia, sentimientos y pensamientos nadie puede explicar la razón de ser en la tierra, que este orden que nos inventamos de dominación, egoísmo y explotación, que acabará en nuestra destrucción no tiene tampoco ningún sentido y finalmente somos tantos, hemos sido tantos, en tantos miles de años, que no tenemos más importancia que unas cuantas hormigas. Y mientras estamos aquí en la tierra -en nuestros frágiles y sensibles cuerpos-, pensamos, sentimos y nos preguntamos que pasará después.
Nadie vuelve para contar.
Vivir, ser feliz, olvidar y recordar, y ojalá dar también alegría.
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